Bioética en el cine


El Séptimo Arte ha sido una de las últimas disciplinas en alcanzar esta consideración, pero dada su proximidad a otras como la literatura o la fotografía, tiene una capacidad innata de comunicación y expresi-vidad que cuando se emplean adecuadamente lo convierten en un poderoso medio para la reflexión, e incluso para el intento de cambio social, moral…

En este apartado que desde AEBI se dedica al cine, a La Vida Humana a Través del Cine, tratamos de mostrar los distintos aspectos a los que se puede enfrentar la bioética desde la cercanía que transmite este medio, mediante delicada selección de películas debidamente analizadas y comentadas.
 

Pan de limón con semillas de amapola

Cine desde el espectador 
Gloria Mª Tomás y Garrido 
Catedrática Honoraria de Bioética. UCAM. Murcia.


   

SINOPSIS

Se trata de una nueva película del guionista director español Benito Zambrano, que desde su película Solas (1999), con la que obtuvo cinco premios Goya, responde a una carrera cinematográfica interesante, alternando largometrajes, mediometrajes y cortometrajes. En este caso es una coproducción entre España y Luxemburgo en donde se adapta para la gran pantalla, la novela “gastronómica” de Cristina Campos del mismo nombre que la película.

Se desarrolla principalmente en Valldemossa (Mallorca), un pequeño pueblo del interior de Mallorca; las protagonistas principales son Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, y que se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer, la cual gustaba de preparar una vez al año un pan muy especial, con el que obsequiaba a sus clientes.

Ambas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Con la vida aparentemente resuelta, a las dos aún les quedarán conflictos por resolver, de un pasado compartido y de su futuro más inmediato. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama, que ha caído en desgracia por temas de corrupción; tiene problemas económicos, pero al matrimonio le gusta presumir de clase social alta; son padres de una hija adolescente conflictiva que, a lo largo, del film, hará muy buenas migas con su tía Marina. Ésta es ginecóloga y viaja por el mundo trabajando para una ONG en África. La película comienza cuando Marina asiste al parto de una mujer etíope, en el que ésta muere; ya en ese momento decide adoptar a la recién nacida. Reunidas ambas hermanas en Valldemossa intentarán descubrir no solo los secretos que encierra su enigmática herencia, sino también recuperar los años familiares perdidos. Son entrañables las secundarias, en especial Catalina (Claudia Faci) toda una revelación la panadera gruñona de acento mallorquín obstinada en no desvelar el secreto que ocultaba su patrona y amiga, ahora fallecida. También tiene un papel destacado como vecina argentina la ilustre Marilú Marini, gran dama de la escena bonaerense, con una larga trayectoria a sus espaldas.

Zambrano reconoce que le interesa ser coherente con los personajes y con la historia; para eso procura crear personajes inteligentes, independientemente del sexo. Le preocupa mantener la historia atractiva y lo suficientemente conmovedora para que valga la pena contarla. Resalta en este caso su capacidad para captar y reflejar la sensibilidad femenina. Cinematográficamente serpentea, a través de precioso paisaje que ofrece la isla, los corazones heridos e inquietos de estas dos hermanas, cuyo drama se descubrirá a pesar de la lealtad de Catalina. No es desdeñable el papel ejercido por las parejas de ambas: uno por su capacidad de adaptación, el otro por sus propios y no pocos egoístas intereses. Con todos estos personajes, que unen amor y misterio sin estridencias. Por ello a la largo de la película, el espectador se va interesando en las historias humanas cruzadas -en sí conmovedoras- cuyo final podemos clasificar como un melodrama clásico; es decir, con las actitudes que conlleva vivir y, sobre todo, convivir.

Anna y Marina, tan distintas, y hasta ahora tan distantes, no sólo se enfrentan a la nueva situación, sino que llegan al final, reinventándose; se respetan, se apoyan, buscan los porqués descubren tradiciones…la principal, que hasta da título al largometraje se manifiesta en la búsqueda de la receta del famoso Pan de Semillas de Amapola y Limón. Al igual que se hacía la masa en tiempos no tan lejanos, la puesta en escena es a veces parsimoniosa, en la que la mezcla de “ingredientes” (llámese secretos familiares) logra emocionar al público. Como si escucháramos el latido libre e inquieto del corazón de las protagonistas. Es una historia sobre mujeres de hoy, que no necesitan el patrocinio o el permiso de los hombres para tomar decisiones inteligentes. Ahora bien, tienen las mismas angustias de siempre ate las diversas relaciones, llámense maltrato, amor, familia, maternidad, celos… que en parte, se intensifican por el pasado traumático de la propia infancia. Todo transcurre de manera paulatina, sin recurrir a estridencias ni efectismos, fiándolo todo al drama y a la veracidad de las interpretaciones. El crítico, acertado y acerado, Carlos Boyero, reconoce a afición de la buena gente a las películas de buenos sentimientos, temáticas y desarrollos convencionales, situaciones y conclusiones previsibles. Salir de la sala con buen ánimo y que el tema de lo que se ha visto y oído, o el recuerdo de personajes y diálogos, amenicen la posterior merienda o el paseo. Y ahí ridiculiza la película que comentamos.


 

 


Puñales por la espalda

PAN DE LIMÓN CON SEMILLAS DE AMAPOLA

Dirección: Benito Zambrano.

Intérpretes: Elia Galera, Eva Martín, Ana Gracia, Pep Tosar, Tommy Schlesser, Nansi Nsue, Claudia Fazi.

Género: drama, 2021.

 

¿Por qué he elegido esta película? ¿Qué hay de fondo? Está última pregunta me la hice porque al terminar la proyección el público aplaudió largamente. No estoy acostumbrada a esa reacción. Probablemente se deba a la identificación del espectador con algunos de los intérpretes y con las situaciones.

En este aspecto, recuerdo una frase de una película antigua El sol en el espejo (1963) en la que se dice “No hay tren que vaya lo bastante lejos como para poder escapar de uno mismo”. Eso pasa aquí a nivel preocupante: el público se siente comprendido ante amores infieles, ante machismos abusivos, ante pasiones ocultas, ante la droga ante amores libres, ante la opción de la eutanasia. A su vez, y es muy positivo, el público descubre y admira la igualdad en la mujer, la solidaridad.

El cine habla, el cine forma…, pero es preciso “saber verlo”. Todo el mundo quiere ser feliz, ser comprendido, dialogar, pero no es tan fácil lograrlo. Estamos ante una película muy apropiada para el diálogo, para los clásicos cien fórum. Una ocasión para no entrar ni salir por una puerta falsa. Busquemos un estilo de cine que encauce nuestra situación sacando de nuestras energías latentes en el corazón lo que vale la pena. ¿Por qué elegí esta película? ¿Por qué el público aplaudió? Porque tiene riegos patentes y casi patentados.  

Gloria Mª Tomás

Granada, 28 de febrero de 2022

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