Bioética en el cine


El Séptimo Arte ha sido una de las últimas disciplinas en alcanzar esta consideración, pero dada su proximidad a otras como la literatura o la fotografía, tiene una capacidad innata de comunicación y expresi-vidad que cuando se emplean adecuadamente lo convierten en un poderoso medio para la reflexión, e incluso para el intento de cambio social, moral…

En este apartado que desde AEBI se dedica al cine, a La Vida Humana a Través del Cine, tratamos de mostrar los distintos aspectos a los que se puede enfrentar la bioética desde la cercanía que transmite este medio, mediante delicada selección de películas debidamente analizadas y comentadas.
 

Van Gogh a las puertas de la eternidad

Cine desde el espectador 
Gloria Mª Tomás y Garrido 
Catedrática Honoraria de Bioética. UCAM. Murcia.


   

Drama a cerca de la vida del genial pintor es una coproducción de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, estrenada en 2018. La sinopsis oficial nos describe que el pintor holandés post-impresionista, Van Gogh (Willem Dafoe), se mudó en 1886 a Francia, donde vivió un tiempo conociendo a miembros de la vanguardia incluyendo a Paul Gauguin (Oscar Isaac). Una época en la que pintó las obras maestras espectaculares que son reconocibles en todo el mundo hoy en día. Recibió los siguientes premios:

2018: Premios Oscar: Nominada a mejor actor (Willem Dafoe)

2018: Festival de Venecia: Mejor actor (Willem Dafoe)

2018: Globos de Oro: Nominada a mejor actor drama (Willem Dafoe)

2018: Critica Choice Awards: Nominada a mejor actor (Dafoe)

2018: Satellite Awards: Nominada a mejor actor drama (Willem Dafoe)

 Me baso y transmito en gran parte en aspectos dela crítica realizada para Film affinity por Miguel Ángel Palomino; no sólo comparto su opinión sino que reafirmo que ha sabido expresar con riqueza cinematográfica y antropológica lo que siente el espectador que conozca la vida y la obra de este artista o que participe de la nostalgia por lo bello, propia de la inquietud creadora de todo hombre. Es decir, es una película que principalmente gustará a las personas con sensibilidad artística

Así comienza Palomino: “En mi trabajo arriesgo mi vida y mi razón, al borde del naufragio”. (Vincent Van Gogh), y a continuación se detiene en el trabajo del director Julian Schnabel, el cual, antes que cineasta, es pintor. Un artista dueño de una peculiar sensibilidad visual que le ha llevado a filmar “La escafandra y la mariposa”. De pintor a pintor, Schnabel se lanza a tumba abierta en “Van Gogh, a las puertas de la eternidad”. Tanto es así, que olvida a conciencia cualquier referente cinéfilo anterior porque éltiene una mirada propia: la de un pintor que filma, la de un cineasta que quiere pintar con la cámara y que, por tanto, la utiliza como un pincel. Más que una película, Schnabel quiere crear una experiencia audiovisual, y en su intención resulta básico el trabajo del gran Benoît Delhomme, director de fotografía que entrega un apabullante tratamiento plástico de las texturas de cada imagen.Ademásse apoyar en la desnudez interpretativa del siempre grande Willem Dafoe o en imágenes que huyen de una aparatosidad que aparecerá solo en el momento de la creación, del arrebato pictórico. El Van Gogh que interpreta Dafoe no vive entre estallidos de emociones, sino reconcentrado, hermético. Ya no es “El loco del pelo rojo”, sino “el loco de la creación”. Si después de ver “El loco del pelo rojo”, el espectador no podría imaginar otro Van Gogh que no fuera Kirk Douglas y, en especial, otro Gauguin que no fuera Anthony Quinn, sesenta y tres años después Willem Dafoe ha logrado el milagro de difuminar la figura de Douglas y metamorfosearse en su personaje. Schnabel centra sus ojos en el artista y los sentimientos de su protagonista solo se abrirán en la conversación, tan íntima como certera, que mantendrá con el sacerdote interpretado por Mads Mikkelsen.

 

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Otros críticos reconocen, sin lugar a dudas, el trabajo impecable de Dafoe, pero acusan al director de no aportar más datos biográficos ni una mayor profundidad de sus inquietudes artísticas aunque aceptan ha sabido reflejar su capacidad febril de creación -cuando muere a los 37 años, había creado más de dos mil obras de arte, pero sólo había vendido una-. Ciertamente no es una película narrativa, ni creo sea lo que se propone Schnabel

Personalmente opino que Dafoe muestra la creatividad del pintor, sus miedos y su soledad y, a veces, su violencia; tal como lo describe Quim Casas,Schnabel intenta enlos planos –y muchas veces lo logra-, equiparar el cine con la pintura, el movimiento de la cámara con el trazo del pincel sobre el lienzo. Lo hace con encuadres subjetivos, movimientos bruscos de cámara, arrebatos en la planificación, todo muy consecuente en la difícil equiparación entre las dos artes y en donde Dafoe transmite el alma del artista: su mirada, su pintura, sus desconsuelos, su ingenuidad.

El apoyo de su hermano, la amistad con Gauguin siendo definitivo en la vida de Van Gogh no es lo que interesa a Schnabel, aunqueno lo oculta. Sencillamente ha hecho un biopic hermoso y triste que mueve al respeto y al afecto hacia el artista.

El último plano del film, con la pantalla completamente teñida de amarillo mientras escuchamos un texto de Gauguin sobre Van Gogh, es uno de los momentos más serenos e intensos de toda la abundante filmografía sobre “el loco de pelo rojo”. Emotividad y hondura con los mínimos elementos.

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