Bioética en el cine


El Séptimo Arte ha sido una de las últimas disciplinas en alcanzar esta consideración, pero dada su proximidad a otras como la literatura o la fotografía, tiene una capacidad innata de comunicación y expresi-vidad que cuando se emplean adecuadamente lo convierten en un poderoso medio para la reflexión, e incluso para el intento de cambio social, moral…

En este apartado que desde AEBI se dedica al cine, a La Vida Humana a Través del Cine, tratamos de mostrar los distintos aspectos a los que se puede enfrentar la bioética desde la cercanía que transmite este medio, mediante delicada selección de películas debidamente analizadas y comentadas.
 

MAUDIE, EL COLOR DE LA VIDA

Cine desde el espectador 
Gloria Mª Tomás y Garrido 
Catedrática Honoraria de Bioética. UCAM. Murcia.


   

I. LA VIDA DE MAUD LEWIS

Nuevamente nos encontramos ante un biopic; en este caso corresponde a la vida de la pintora que enamoró a Norteamérica, sin salir de su sencillísima casa. Por su interés, narramos en primer lugar su vida, para después introducirnos en la película.

Maud Lewis (1903-1970) fue de las más importantes artistas canadienses de arte folclórico; no es conocida en Europa, pero en el Continente americano sus dibujos y pinturas coloristas, con profusión de paisajes, flores y animales, alcanzaron fama a mitades del siglo XX y consiguieron un éxito de ventas. El entonces vicepresidente de los EEUU, Richard Nixon¬, fue un gran amante y comprador de sus las obras. Ya de pequeña confeccionaba, a instancias de su madre, coloridas tarjetas para felicitar las Navidades.

 Era una mujer alegre, con una especial dulzura, que tuvo una vida difícil debido a una artritis reumatoide y a una artrosis precoz que físicamente fueron deformándola y le crearon dificultades no sólo de movilidad sino también supuso una barrera para sus relaciones sociales. A la muerte de sus padres, cuando la artista contaba 33 años, se vio marginada y humillada por los únicos parientes que le quedaban: su hermano y su tía Digby; ambos con tendencias posesivas y poco respetuosas hacia ella, a la que separaron también de su hija recién nacida, pero que no lograron disminuir su pasión por la vida y por la pintura. Su obra naif -siempre alegre- hace más conmovedora su personalidad que expresan como el punto de fuga de una vida condicionada por la enfermedad y la falta de afecto. Su cuerpo y sus manos eran cada vez instrumentos más precarios que no le impidieron seguir siempre hacia adelante y buscar posibilidades para su pasión y su fijación: la pintura.Por ello logró emanciparse de sus parientes, alejarse realmente de ellos y valerse por sí misma. El momento adecuado fue el fortuito encuentro con Everett.

Everett era un rudo y huraño pescador de vida sencilla y solitaria en un salvaje lugar de Nueva Escocia. Puso un anuncio buscando una asistenta -en sentido estricto quería una criada- para poner algo de orden en su caótica cabaña perdida en medio del campo. Él había crecido en un orfanato y no sabía nada de relaciones humanas, ni de afectos, ni de atenciones, pero pensó que había llegado el momento de contratar a una mujer que se ocupara de ordenar su casa y guisar para él, ya que, ocupado como estaba todo el día en los múltiples trabajos que desempeñaba para poder sobrevivir, no le quedaba tiempo que dedicar a menesteres domésticos.

Tras ver su anuncio, Maudie no tarda en ofrecerse y, a pesar de las reticencias que también encuentra en el pescador, le convence para mudarse a su casa y encargarse de esa tarea. . "No soy una lisiada, solo camino diferente”. Lo que comenzó siendo una difícil convivencia entre dos polos opuestos poco a poco fue transformándose en una historia de amor. Así de real y sorprendente. Maudie llena de ternura y sutileza. Cuando sus pinturas fueron casualmente descubiertas, adquirieron pronto notoriedad permitió que constituyeran una fuente de ingresos para lo que ya era el hogar de ambos.

Everett un pescador aparentemente brutal, primitivo y sin atisbo de recursos sociales, cuya idea del arte se podría resumir en la frase que dice cuando una galerista le pregunta si no le parecen bonitos los cuadros de su mujer: “¿Cómo podría saberlo? ¿Tengo pinta de mujer?”. Muy distinto a la observación que hace una admiradora de la pintora cuando le pide “Enséñame como ves el mundo”.Las dificultades y dolores físicos con los que convivió toda su vida y el hecho de haber salido adelante a pesar de la poca confianza que le mostraron sus allegados convierten su vida en un ejemplo de historia de superación personal, de una mujer determinada a vivir su vida a pesar de los pesares.

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maudie

Título original: Maudie
Director: Aisling Walsh
País: Canadá, Irlanda
Año: 2017
Intérpretes: Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett, Gabrielle Rose y Zachary Bennett
Género: Biopic y Drama

II.  LA PELÍCULA

La directora Aisling Walsh ( ganadora de más de 20 premios de festivales de cine internacionales) y la guionista Sherry White nos acercan un personaje profundamente humano, que rezuma optimismo y sentido práctico a pesar de las circunstancias tan amargas que marcaron su existencia. Maudie, protagonizada por una excelente Sally Hawkins -ganadora del Globo de Oro en 2008 y candidata al Óscar en 2013-. Esa excelente actuación de Sally Hawkins que dota al personaje de una profunda humanidad y de un dramatismo contenido  sin caer en la exageración sensiblera. La cámara de Walsh se centra en los pequeños detalles de los pinceles deslizándose sobre lienzos y cartones, y en los primeros planos de Maudie. Ver trabajar a esa mujer con sus manos deformes y agarrotadas es, en sí mismo, un himno a la superación personal y al amor a la belleza por encima de toda la fealdad física y moral del entorno. La relación en este matrimonio recuerda, en su contraste tan marcado, al de Gelsomina y Zampanó en La Strada.

 No es una película perfecta, no es excepcional; algunos críticos señalan el excesivo idealismo que refleja; otros el abuso del melodrama predecible; en mi opinión estamos ante un fascinante ejemplo en el que funciona el afecto, cada persona lo hace a su modo, el respeto, y el espléndido escape de la belleza. Consigue acercar al espectador la figura de una gran mujer en un cuerpo menudo, frágil y contrahecho, que supo perdonar y dotar a su vida de belleza y amor. Atare su mundo íntimo y persona que encontró en su marido no sólo la oportunidad de valerse por sí misma, sino también lograr extraer de él sus mejores sentimientos sin dejar de ser quién era. Como en Gelsomina, cuando la banda sonora cantaba “Tú que amar no puedes, tú que amar no sabes...” y luego y por ella, ya no es así.

Sally Hawkins nos regala un personaje dulce, de apariencia frágil pero mentalidad férrea, y cuya originalidad es que esta artista se escapa a los tópicos manidos, o es bohemia, no es atormentada, no es extraña, no es rencorosa. Además esta directora se ha esmerado en poner el foco de atención en cada pequeño detalle, en la delicada manera en la que la pintora autodidacta dejaba fluir su imaginación llenando de colores alegres las paredes de la pequeña casa donde habitaban. Y que no lo cambian cuando va mejorando su situación económica.La cámara, además de visualizar tantos detalles, abunda en primeros planos del personaje y ensalza el coraje y la fuerza de voluntad de esta mujer de envidiable fuerza interior, de tal forma que logra robar el corazón del espectador, especialmente cuando vemos imágenes reales en las que Maudie, ya con la enfermedad ya avanzada, aparece mirando a cámara con una sonrisa contagiosa. Un plano para enmarcar, como sus pinturas llenas de vida y de color.

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