Bioética en el cine


El Séptimo Arte ha sido una de las últimas disciplinas en alcanzar esta consideración, pero dada su proximidad a otras como la literatura o la fotografía, tiene una capacidad innata de comunicación y expresi-vidad que cuando se emplean adecuadamente lo convierten en un poderoso medio para la reflexión, e incluso para el intento de cambio social, moral…

En este apartado que desde AEBI se dedica al cine, a La Vida Humana a Través del Cine, tratamos de mostrar los distintos aspectos a los que se puede enfrentar la bioética desde la cercanía que transmite este medio, mediante delicada selección de películas debidamente analizadas y comentadas.
 

De tal padre, tal hijo


La Vida Humana a Través del Cine
Sección dirigida por Gloria Mª Tomás y Garrido
Catedrática de Bioética. UCAM. Murcia.



   

 

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­La familia, los temas infantiles y saber dirigir a niños constituyen pilares fundamentales en la filmografía de Hirokazu Koreeda. A modo de ejemplos paradigmáticos, recordemos alguna de sus anteriores películas. Así, Nadie sabe (2004) -basada en el caso real, ocurrido el año 1987 sobre niños abandonados-; Caminando (2008) – toda la película transcurre en poco más de un día en el que dos hermanos, casados y con sus hijos, visitan a sus padres recordando la muerte trágica de otro hermano-y Milagro (2011) -que nos ofrece una visión de la infancia como terreno de incontenible exploración y aprendizaje sentimental-. En todas ellas, aparece la idea y la realidad de la infancia y sus encantadoras manifestaciones, sin alejarse de situaciones comunes o curiosas de la vida familiar y social; aprovecha para ello, el contexto de la propia realidad circundante.

Hirokazu Koreeda, es uno de los mejores directores japoneses de la actualidad, con su propio estilo, sigue la línea humanista de Akira Kurosawa (Vivir 1952, Dersu Uzala, El cazador, 1975…Madadayo, 1993) y de Yasujiro Ozu (He nacido, pero… 1932, Cuentos de Tokio, 1953, Buenos días, 1959). Posee una adecuada parsimonia; se toma su tiempo para describir a los personajes; enfoca las relaciones de los protagonistas, así como la influencia de las generaciones mayores sobre las jóvenes; incide en la idea de que el aprecio o los reproches hacia los progenitores no tienen por qué conducir a repetir los mismos errores -se puede aprender y mejorar-; muestra como las circunstancias culturales condicionan las respuestas a las incógnitas. Hay un equilibrio importante entre lo entrañable y la huída del sentimentalismo. Estamos por tanto, ante una dirección y un guión sólidos en los que actores y actrices -que son estupendos, tanto los adultos como los niños- consiguen elevar la película casi a la perfección.

Con De tal padre, tal hijo, Koreeda -director y guionista- mereció el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2013 y también el Premio del Público en el Festival de San Sebastián del mismo año. Se proyectó en el marco del 11 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) y forma parte de la 55 Muestra de la Cineteca Nacional. Una vez más trata el tema que domina y sabe narrar, y lo hace a través un trabajo contenido, elegante y generador de debate. Gracias a la cámara de Koreeda se tiene la sensación de ser testigo privilegiado de uno de esos pequeños/grandes dramas con los que se teje el devenir humano, donde asoman desde los detalles de cariño a las desavenencias conyugales; vemos también los distintos modos de enfocar la educación de los hijos, la posibilidad y la dificultad de conjugar la dedicación de tiempo a la familia y al trabajo. La cámara estudia, en cada secuencia, cómo tomar la suficiente distancia entre los personajes para que un relato de indudable contenido emocional no se apodere del filme, así la elipsis funciona de tal modo que no sólo se imagina el espectador los infortunios posibles sino que muy particularmente inspira un canto a la esperanza. La atmosfera de la película introduce en un relato íntimo, con silencios interrogadores, acompañado de un ritmo pausado que enfatiza los pequeños detalles; vale la pena detenerse en observar el modo de acariciar o la manera de mirar, hasta como tocan el piano. Es una narración sencilla llena dimensiones emocionales complejas. El conflicto es interno y trascendental. La fotografía es fantástica, y aprovecha todo tipo de tomas para enfatizar el mensaje.De modo natural el espectador, también se plantea cuestiones que surgen y trata de analizar y comprender las actuaciones de los protagonistas con sus comportamientos y decisiones. Bachen la banda sonora. LasVariaciones Goldbergsuenan casi de manera ininterrumpida. La misma melodía, una y otra vez, bajo tratamientos formales diferentes. Quizás ese acercamiento a Bach revele también las intenciones de una película conmovedora, tan ambiciosa en sus formas como sencilla en sus intenciones, llena además de hermosas interpretaciones. El director invita al espectador a que se e atreva a levantar la vista hacia adelante, hacia el futuro.

De tal padre, tal hijo, es una historia que nos parece que ya la hemos visto, probablemente porque está basada en una historia real. Ryota y Midori forman un matrimonio joven con una vida en apariencia perfecta. Él es un prestigioso arquitecto, en parte obsesionado con su trabajo, que tiene solvencia económica como para que su hijo Keita vaya a una prestigiosa escuela y no le falte nada en términos materiales. Todo lo que Ryota tiene, se lo ha ganado trabajando duro y está convencido de que nada puede estropear su perfecta vida. Su padre, un día huyó de casa dispuesto a forjar un hogar perfecto y que acabó levantando un hotel con una mujer sin vida propia y un hijo sin sueños ni risas. Quizás por esa influencia vemos que Ryota no dispone de tiempo para estar en casa; Midori y Keita son quienes conviven unidos por la ausencia paterna, y el pequeño se va formando bajo una educación independiente. Estamos ante una familia modelo dentro de la vida cotidiana. Apenas unos minutos de la rutina alrededor de una cena son suficientes para conocer y entender a los tres personajes. Pero reciben una llamada inesperada del hospital en el que seis años antes había nacido Keita. La siguiente escena es en el hospital, donde se plantea la premisa que vertebra la película: un análisis rutinario de sangre, pedido por el colegio, desvela que Keita no tiene relación genética alguna con Ryota y Midori. Keita fue cambiado por Ryusei . Viene el conocimiento y trato con la otra familia.

Ambas familias se conocerán, y surge el dilema de si deben dejar las cosas como están, o poner a los chicos bajo la tutela de sus auténticos padres. Dilema intensificado porque uno y otro hogar son muy diferentes. En el primero, aparte de contar con un solo hijo, dominan el esfuerzo y la disciplina. El otro lo forma una familia modesta y numerosa, con menos sobreprotección y más humanidad.

 

 
de tal padre tal hijo peq

 

Película a Debate: De tal padre, tal hijo.

Título original: Soshite chichi ni naru.
Título internacional: Like father, like son.
Dirección y guion:Hirokazu Koreeda.
País: Japón.
Año: 2013.
Duración: 120 min.
Género: Drama.
Interpretación: Masaharu Fukuyama (Ryota), Machiko Ono (Midorino), Yoko Maki (Yukai), Lily Franky (Yudai), Keita Ninomiya (Keita), Shogen Hwang (Ryusei), Jun Fubuki (Nobuko), Jun Kunimura (Kazushi).
Fotografía: Mikiya Takimoto.
Montaje: Hirokazu Koreeda.
Diseño de producción: Keiko Mitsumatsu.
Distribuidora: Golem.
Estreno en Japón: 28 Septiembre 2013.
Estreno en España: 29 Noviembre 2013.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.



Ambas familias que se ven perjudicadas en el error que tuvo el hospital de cambiar a sus hijos , también porque ya se ha señalado que no pueden ser más heterogéneas. Por un lado están los Nonomiya, una familia acomodada con un piso de lujo, encabezada por Ryota, que, como ya se ha indicado, exige mucho a sí mismo para ganar cuanto más dinero mejor y así poder sustentar de la mejor forma posible a su familia. Ryota es demás un hombre recto y muy severo con su hijo, con el objetivo de que en un futuro siga sus mismos pasos. Todo lo contrario que los Saiki, una familia muy humilde con una casa pequeña cuyo padre, Yudai, es dueño de una pequeña tienda de electrónica que dedica gran parte de su tiempo en dar a sus tres hijos del amor y el afecto que necesitan. Tanto los Nonomiya como los Saiki aceptan conocerse y decidir qué es lo mejor: intercambiar los niños de familia para estar con sus padres biológicos con la difícil adaptación que supone para los pequeños Keita y Ryusei o dejar las cosas tal como están aunque no se traten de sus hijos de nacimiento, una decisión. La formación y situación económica de ambas familias no puede ser más diferente, y a la exigencia y disciplina de un Ryota que aspira a que su hijo se le parezca y triunfe en la vida, se opone un Yukai que es ingenuo y principalmente solo busca disfrutar en un ambiente familiar sin tensiones. Aunque las soluciones al grave error cometido son varias, y se plantean la indemnización del hospital, la tutela (o compra) de ambos niños por Ryota-Midori, y la restitución de los niños a sus padres biológico a Koreeda le interesa sobre todo hablar de que supone la verdadera paternidad.

Si, el amor filial se construye también en el tiempo. Este un joven padre, Ryota, debe aceptar que su auténtico hijo es aquel que, aún sin ser de su propia sangre, ha criado durante seis año; en el Japón de hoy día, se valoran mucho los vínculos de la sangre, pero genes y amor no siempre van unidos directamente. Estamos pues ante una honda y serena reflexión sobre la paternidad, y en la que asistimos al proceso redentor del protagonista masculino sin caer en trampas sentimentales o la discreta y penetrante presencia de las correspondientes madres.

Ryota que comienza planteándose el problema del intercambio analizándolo desde su propio punto de vista y buscando sus propios objetivos con el niño, para terminar cayendo en la cuenta de que hay que colocarse en la piel de su padre -gran lección le da su madre olvidando agravios-, de su mujer, Midori vive con la culpa de no haber reconocido a su hijo tras el nacimiento-, de los niños -dura es la respuesta de Ryusei con un “me dices que te dé las buenas noches”-. Son muchas las lecciones que ese orgulloso arquitecto debe aprender, para poder pedir perdón, llorar, abrazar, jugar.

El tono didáctico y humanista salta a la vista desde el inicio de este melodrama, contraponiendo los ambientes familiares o dibujando caracteres tan encontrados como moldeables. En vano se esfuerza Keita en tocar el piano y contentar a su padre, y sin embargo no le costará nada sumarse a la convivencia con sus nuevos hermanos -no es baladí que se trate de una familia numerosa-; y en vano Ryota intenta doblegar a Ryusei para que le llamé “papá” pues él ya ha saboreado el placer de volar cometas con su padre. Koreeda sabe decir a través de este film que se puede rectificar y aprender de los errores, y lo hace con un tono poético, con una mirada comprensiva y sin amargura hacia el problema que tienen quienes entienden la paternidad como “una misión”, quienes confunden el éxito profesional con la felicidad.
 
TEMAS DE DEBATE: 
 
Después de conocer a la familia que ha criado con amor a su verdadero hijo durante seis años, Ryota empieza a preguntarse si realmente ha sido un padre ¿Qué es más importante la sangre o la crianza? ¿Es su hijo un niño ajeno a su vida, criado por una familia diametralmente opuesta, sin disciplina ni rigor? ¿Somos quien somos por las generaciones que nos precedieron?

 

 


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